Carta abierta a los medios de comunicación españoles “Caso Maloma”

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Buenas tardes,

Muchos de vosotros me conocéis o habéis tenido contacto conmigo a raíz del secuestro de mi mujer, Maloma Morales de Matos, en los campamentos de refugiados de Tinduf. Hoy os escribo directamente porque necesito expresaros todo lo que llevo dentro, en un intento de transmitiros lo que está ocurriendo con el caso de Maloma y cómo y cuánto está afectando a su familia y a mí en particular, que ya habéis visto que estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por conseguir que recupere su libertad y sus derechos.

Si cuatro meses sin saber nada de ella ya eran duros de por sí, puedo aseguraros que nadie sabe lo que se siente cuando celebrábamos su liberación con profunda emoción y absoluto agradecimiento al Gobierno español y, unas horas después, nos enteramos de que vuelve a estar en manos de quien la mantuvo cautiva en el desierto todo ese tiempo. Nadie puede saber lo que se siente porque eso hay que vivirlo. En un instante se esfuman la ilusión y los nervios de esperar a hablar con ella y todo se vuelve oscuro. Es un momento en el que ninguna pieza encaja en el puzzle, nada tiene sentido y duele horrores descubrir que no sólo ella está desprotegida y sola, sino que nosotros, su familia, también lo estamos, porque nuestro Gobierno no la estaba ayudando y permitió impasible que esa «devolución» se llevara a cabo.

Desde el 21 de Abril la vida de Pepe y Mari Carmen y la mía -junto a la de nuestros familiares, amigos y nuevos amigos que han llegado en estos meses solidarizados con nosotros en esta lucha- se ha convertido en un infierno peor del que nadie pueda imaginar. Todo son mentiras, por todas partes. El día de la liberación aparecieron muchos oportunistas que alardeaban de su participación en la negociación que culminó con un desenlace feliz. Mientras nosotros, aún metidos en el AVE de regreso a Sevilla tras la reunión con el Ministro García-Margallo, sólo queríamos tener una respuesta: ¿Está bien Maloma? Y tenía su razón de ser, que no era sólo por la imposibilidad de haber podido comunicar con ella en cuatro meses, sino porque nos dijeron que había sido una intervención policial «muy violenta» y nadie añadía la coletilla «…pero Maloma está sana y salva». La información desbordaba nuestra capacidad para absorberla, de un lado, de otro, contradictoria siempre.

Larga noche sin noticias del Gobierno, sin datos oficiales respecto a lo ocurrido. Siempre la misma frase: «Estamos en ello, Ismael, tranquilo. Te avisaremos cuando sepamos algo». Eso sí, mientras, prudencia. Horas y horas de silencio eterno gubernamental. Pero aún fue peor enterarnos por otras vías de que había sido entregada por el Frente Polisario a su familia biológica de nuevo, porque había habido severos disturbios en el campamento de Smara y la tribu de Maloma amenazó la vida del fiscal saharaui que ordenó la intervención del rescate de mi mujer. Nunca nos han confirmado esta información, pero los medios de comunicación saharaui sí la publicaron.

Aquí empezó el verdadero calvario. Nos encontramos, de repente, en medio de un rio de aguas turbulentas donde confluían, por un lado, los intereses del Frente Polisario de no ver dañada su imagen ante su pueblo «por plegarse a un chantaje español con las ayudas», ni perjudicar más su ya deteriorada imagen externa -por un informe de HRW que ponía en evidencia la violación de Derechos Humanos en los campamentos por la retención contra su voluntad de 3 mujeres-. El Frente Polisario necesitaba eludir ser visto como un Gobierno que no ha conseguido siquiera ganarse el respeto de su propio pueblo, en un momento en que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas iba a mantener la sesión anual para la renovación del Mandato de la MINURSO.Por otro lado, España, sorda, ciega y muda ante el secuestro de una ciudadana española. A nivel gubernamental, «hacemos todos los esfuerzos para lograr su liberación», pero nunca dijeron qué esfuerzos y los resultados de los mismos, a la vista están. Sin fuerza ni argumento, ceden y ceden ante presiones del Gobierno de un Estado que no reconoce nuestro país. Pedimos un ejercicio de compromiso real y una contundencia que nunca se ha utilizado. En agosto de 2012, José Manuel García-Margallo ordenó la evacuación de los cooperantes españoles en los campamentos de Tinduf por el secuestro de dos ciudadanos españoles y en previsión de nuevos ataques por aquella amenaza yihadista. Hace un año, tres espeleólogos españoles se perdieron en el Atlas marroquí y España envió inmediatamente equipos especializados de las Fuerzas de Seguridad del Estado para su rescate. Hay reacción ante acciones concretas y no la ha habido, en ningún momento, en el secuestro de Maloma. Yo me pregunto si acaso en este país nuestro hay «ciudadanos de primera» y «ciudadanos de segunda», pero nadie me responde, sólo las evidencias me aplastan con el argumento más sólido e irrebatible: Mi mujer sigue retenida contra su voluntad por su familia biológica y, a pesar de haber estado una semana allí, ni siquiera el Cónsul de España en Argel ha podido acceder a los campamentos. ¿Es ésta la fuerza de España?

Y, por otro lado más, el movimiento solidario con la causa saharaui y las delegaciones saharauis en España. El mantenimiento de un discurso oficialista absurdo, que denosta los Derechos Humanos de las mujeres retenidas contra su voluntad y los supedita a decisiones «de familias tradiconales», a ser «casos aislados» y a «la falta de capacidad humana de las familias de acogida, que se creen que se pueden comprar niños a la carta en el Sahara». Este goteo destroza, porque justifica la causa saharaui en una obligación de España de pagar (en el más extenso sentido de la palabra) por «haber abandonado al pueblo saharaui a su suerte en 1975».

¿Qué culpa tiene Maloma de los errores políticos de unos y de otros?

Me siento absolutamente desamparado por el Gobierno de España y por el Gobierno Andaluz, que no han dado importancia alguna al secuestro de Maloma. Ni siquiera estos días últimos, en los que hemos estado sometidos a un acoso brutal en las redes sociales por un elenco de saharauis residentes en España, apoyados por miembros del movimiento solidario con la causa saharaui, que se han dedicado a injuriar y calumniar a Maloma, a su familia, a mí y a cuantos apoyan esta lucha, así como han difundido informaciones absolutamente falsas sobre documentos oficiales de identidad de mi mujer. La publicación de vídeos manipulados con las siglas RASD sobreimpresas, mostrando «la felicidad de Maloma» han sido considerados como «irrelevantes». Somos ciudadanos españoles y somos personas. El factor humano para el Gobierno no cuenta. Yo ya no confío en que la diplomacia española vaya a hacer algo para liberar a mi mujer. Tampoco creo que el Frente Polisario esté dispuesto a bajar de su discurso. Ni siquiera considero que el pueblo español y el saharaui sean conscientes de lo que toda esta situación acarrea y de lo que ya está originando en términos de odio. Al final, quedamos mi familia y la de Maloma, que también es la mía, y cada vez más apoyos personales, que agradecemos inmensamente. Pero para que Maloma recupere su libertad estoy dispuesto a lo que sea necesario, pero exijo también al Gobierno de España una reacción inmediata y contundente. Ya se me acabó la paciencia, el tiempo y la prudencia. Necesito escuchar su voz y que ella me diga lo que quiere. Sólo así podré seguir.

Gracias.

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