Carta al director de José Morales padre adoptivo de Maloma

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Hace 18 meses que mi hija Maloma Morales de Matos fue secuestrada en los campamentos saharauis de Tinduf, en Argelia, por su hermano biológico Mohamed Lamin Takio Hamda. Y sigue secuestrada. Dieciocho meses en los que el Gobierno español y todas las fuerzas políticas de este país le han dado la espalda y se limitan a mantener reuniones y conversaciones infructuosas con el Frente Polisario (máxima autoridad en los campamentos) para “negociar” la libertad de Maloma Morales de Matos. Tiene 24 años, estudiaba para ser Policía Nacional y es española de pleno derecho, aunque ser de origen saharaui sea para ella un hándicap que complica, por cuestiones políticas e intereses de todo tipo, la salvaguarda de sus Derechos Humanos.

¿Qué tiene que pasarle a Maloma para que la sociedad española, los medios de comunicación nacionales y las fuerzas políticas de este país la defiendan y reclamen la libertad de una compatriota? Ya ha estado los 4 primeros meses de su cautiverio aislada e incomunicada en el desierto del Sahara Occidental bajo control del Frente Polisario, en una zona plagada de minas terrestres, donde sus hermanos, atrincherados, la mantenían a la fuerza en una jaima de tela con todos sus Derechos conculcados. Con una intervención militar del ejército del Frente Polisario fue liberada y sus captores, detenidos. Aquel día, el ministro García-Margallo se fotografió con nosotros feliz por la resolución de este secuestro, que él mismo equiparó a la situación que entonces estaban viviendo Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre, tres periodistas españoles secuestrados en Siria. Pocas horas después, Maloma fue trasladada a los campamentos en Argelia, donde se produjo una revuelta popular animada por la tribu de la familia, que obligó al Frente Polisario a soltar a los detenidos y a entregar de nuevo a su rehén, mi hija, para evitar males mayores. El ministro se calló y nunca volvió a decir nada más.

Tanto es así que su sustituto en la cartera de Exteriores, Alfonso María Dastis, va a cumplir 9 meses en el cargo y aún no ha tenido ni el detalle de comunicarse con nosotros, la familia de la única española que actualmente está secuestrada en el exterior. Ni nos recibe, ni nos llama ni muestra el más mínimo interés por Maloma, que él sabe bien que no es un “caso aislado”, ni un “problema de familias”, ni una “cuestión de tiempo”. Maloma es una ciudadana española, mayor de edad, privada de libertad a la fuerza por su familia biológica en los campamentos, con el consentimiento del Frente Polisario, incapaz de imponer su autoridad y de hacer cumplir sus propias leyes en el territorio que controla. Vigilada, sometida y obligada por cuestiones machistas, víctima indudable de violencia de género que no merece ni la atención del Gobierno, ni de las demás fuerzas políticas españolas.

Hartos estamos de escuchar las reivindicaciones del Frente Polisario respecto a la violación de Derechos Humanos del pueblo saharaui a manos de las fuerzas de seguridad marroquíes en el Sahara Occidental, cuando en el territorio que administran Maloma está secuestrada y hay otros 50 casos documentados de mujeres retenidas contra su voluntad por sus familias biológicas, un delito que se comete con la más absoluta impunidad. No hace dos meses que pudo regresar otro ciudadano español, que estuvo 8 meses secuestrado igual que Maloma, sin que haya habido ni una sola reacción de condena o castigo para los autores de esta acción que es constitutiva de delito. Y el colectivo de familias españolas de mujeres retenidas contra su voluntad en los campamentos, al que pertenecemos, acaba de presentar un documental con el testimonio de dos mujeres de origen saharaui que permanecieron más 5 años privadas de libertad, en el que relatan su sufrimiento, los malos tratos físicos y psicológicos, la soledad y la desesperación que las llevó hasta el intento de suicidio con apenas 20 años. ¿Qué tiene que pasarle a mi hija Maloma para que se aborde su secuestro como un problema de Estado, como una cuestión de Derechos Humanos, que ha sido denunciado hasta por el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon?

Dicen que mi hija está casada, aunque no lo creo. Dos días antes de su matrimonio forzado, ella no conocía siquiera al que se supone que es su marido. Si fuera así, ella ahora sería “propiedad” del esposo, que decidiría sobre ella en lugar de su hermano, que se erigió en su dueño hace 18 meses y controla la vida de Maloma al punto de que no podemos hablar con ella si no es a través del teléfono móvil de él, cuando y delante de quien él decide. Nunca a solas, siempre rodeada. Nunca libre.

¿Qué harían ustedes si fuera su hija? Luchar por su derecho a elegir libremente dónde, cómo y con quién quiere vivir nos ha convertido en la diana de agresiones, insultos, acusaciones calumniosas e injuriosas. La familia biológica insiste en que ella es libre. Muy bien, si es así, que le permitan ejercer sus derechos y levanten la guardia que la vigila 24 horas al día, para que pueda viajar a Argel y, en la Embajada de España, con todas las garantías de seguridad y de respeto a su decisión, sea cual sea, se exprese en libertad. Y como ella, Darya Embarek Selma, Koria Badbad Hafed y Nadjiba Mohamed Beljkacem, tres jóvenes residentes en España legalmente, que llevan privadas de libertad entre tres años y medio y seis años y medio. Que ya está bien, que el Gobierno de España está plegado ante el Frente Polisario y no sabemos cómo ni por qué, pero mi hija Maloma es un rehén político y vive bajo la amenaza, la coacción y el miedo.

Que sus palabras en un vídeo grabado en los campamentos, en la jaima donde está secuestrada y con sus captores delante, ni son libres ni son creíbles. Mucho menos pueden servir de excusa al Gobierno español para dar por solucionado el secuestro. Maloma no se ha expresado libremente. Su familia ha incumplido todos los acuerdos alcanzados en la “negociación” por la libertad de mi hija. Si hay negociación, será que es porque no tiene libertad. ¿Qué quieren? ¿Un rescate? No es descabellado pensarlo, habida cuenta de que mi hija, cuando estuvimos en los campamentos el pasado mes de octubre para participar en dicha negociación, aseguró: “No vuelvo ahora con vosotros para que nadie piense que han pagado por mí”. Si el dinero es el motor que impulsará su libertad, que el Gobierno pague, como ha hecho en los demás casos de ciudadanos españoles secuestrados. La tribu y la familia biológica han convertido el secuestro de Maloma en una cuestión de honor nacional y han llegado a amenazar con frases como “muerte antes que permitir que vuelva”. Insisto, ¿qué tiene que pasarle a Maloma para que haya reacción eficaz y definitiva por parte del Gobierno?

Un verano de silencio por delante. Ella bajo los 60º de calor que atenazan los campamentos. Sin libertad, sola, sin derechos. Basta, basta ya, que año y medio es más que suficiente para hacer evidente que si no es por una presión política decidida y contundente, Maloma no regresará, porque no la dejan, porque está secuestrada. Pido ayuda a la sociedad española, que se enteren, que se sepa. La libertad no es negociable, excepto que haya que pagar por ella.

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